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Larga Singladura (IV) – Fisterra – Villagarcía de Arosa

Siempre he tenido ganas de hacer una larga singladura en el barco, dormir en distintos puertos. Como diría un cursi: “ver mundo”. Este verano, junto con un cómplice, por fin me he quitado el gusanillo, aunque con matices por la forma. Teníamos un objetivo común: llegar a Fisterra, yo por doblar el Carrumeiro Chico con el Peregrina y él por cenar en el Tira do Cordel.

Esta es la cuarta entrega de la larga singladura que hicimos desde Portonovo hasta Fisterra y vuelta en un veterano Puma 23 (Entrega 1Entrega 2 Entrega 3). Nos quedamos a punto de partir hacia el sur desde el puerto de Fisterra. Teníamos más de 70 millas por delante por recorrer. Estaba saliendo el sol, soplaba norte y estaba despejado. Todo hacía prever una maravillosa jornada de vela con viento portante.

Salida a primera hora con viento

De camino a Villagarcía con cara de dormidos mientras sale el sol.

Tras levantarnos nos pusimos manos a la obra. Queríamos salir pronto y aprovechar bien el viento mientras durase, pues nuestro vecino de pantalán nos había advertido de que se calmaría. Concretamente nos dijo que podríamos navegar bien a vela hasta la latitud de el extremo sur de la playa de Carnota, y que luego el viento se quedaría. La verdad es que aún sin tener mucha fe en lo que nos había dicho nos pusimos en marcha. Salimos a motor y en la misma bocana izamos mayor y génova pequeño y en pocos minutos navegábamos al S10E entrando el viento por la aleta de babor.

Pasando Finisterre

Rápidamente pasamos Finisterre. Tal y como había predicho nuestro benefector de pantalán, a medida que avanzábamos hacia el sur el vien iba cayendo hasta el punto en el que las velas quedaron literalmente colgando. No nos quedó otra que encender el motor y navegar de esta manera hasta pasar Corrubedo y el Canal de Sagres, donde a pesar de haber ya algo de viento decidimos pasarlo a motor igualmente. Durante la larga singladura aprovechamos para comer, oir música, dormir por turnos y hablar y hablar de lo bonito que es Muros, de por qué no entrabamos a comer a Muros o de la cara de alegría que llevaban los tripulantes de otros barcos que nos adelantaban porque venían de Muros.

Sin viento antes de Monte Louro

La verdad es que la bajada fue algo decepcionante. Imaginaba poder navegar durante varias horas con vientos portantes. Hasta coloqué el botalón por si se terciaba usar el asimétrico. Ha sido la segunda vez que voy a Finisterre y tengo que bajar sin viento. (La primera fue en la Conde de Gondomar de 2017).

Ría de Muros y Noya.

Llegados a la altura de Corrubedo entramos en una fase de mayor actividad, pues empezamos a consultar la carta para pasar los bajos y tomar bien el Canal de Sagres. En ese momento, viendo que ya seguro no íbamos a entrar a Muros, le dije a Marcos – Bueno, si quieres para el año, podemos planear esto mismo pero yendo a Muros en lugar de a Fisterra. – rápidamente me contesto – ¿Muros? Y para qué coño quiero ir yo a ese pueblo de mierda – ¡Lo mato! ¡Os juro que lo mato!

Mar de Arosa

Ruta aproximada de entrada a la Ría de Arosa

La entrada a la Ría de Arosa fue sencilla, ni siquiera tuvimos que preocuparnos en exceso al pasar el Canal de Sagres, símplemente seguimos a otro barco que iba delante de nosotros. Una vez pasado el canal sólo quedaba el Paso do Carreiro, que se encuentra balizado y es mucho más ancho, por lo que no supone peligro alguno a motor y con el mar en calma.

Navegando en la Ría de Muros y Noya

En la ría las condiciones no eran las mismas que en Corrubedo, teníamos viento del SW y parecía que quería entrar la niebla en la ría. Teníamos sol, pero bastante bruma. Estábamos en el límite del banco de niebla. Aprovechamos el viento para subir mayor y asimétrico y navegamos en dirección a Rúa hasta que oimos entre la niebla la bocina de niebla de un mercante a lo lejos. – Tenemos que trasluchar ya, pero ya, ya.

Navegando al norte de Rúa hacia Villagarcía de Arosa

Hicimos una maniobra de trasluchada rápida. Dos factores no nos ayudaron mucho: la inexperiencia de Marcos en el Peregrina y una serie de rachas en el momento de la trasluchada. Las rachas hicieron que el asimétrico armara un pequeño churro en el estay. Por suerte para nosotros nos habíamos apartado lo suficiente. Tras el percance, navegábamos ya por el norte de Rúa, quedando el canal para mercantes al sur de la misma.

Llegando a Villagarcía de Arosa

Entrada a Villagarcía de Arosa

Desde Rúa, con el mercante ya a proa, seguimos navegando con génova y mayor hasta pasar Punta Cabalo y O Xufre. Estábamos de nuevo en territorio desconocido para el Peregrina. A la altura de El Seixo, una necesidad fisiológica imperativa nos hizo arriar todo el trapo y terminar de entrar a puerto a toda máquina a eso de las 16’30.

Amarrados en Marina Villagarcía de Arosa

En Villa, teníamos una cita con dos viejos amigos que estaban haciendo bordos en la bocana. Contactamos con ellos por radio y les informamos de que íbamos a entrar a puerto primero de todo, pues teníamos cierta necesidad. Tras entrar a puerto y arreglar papeleos y otros temas, volvimos a salir para acompañar a Juan y a María. Hicimos unos bordos en los que nos dejaron totalmente en ridículo con su Furaventos. Para ser justos he de decir que no eran las condiciones para el Peregrina: el génova que llevábamos era pequeño y el barco estaba bastante más cargado de lo habitual.

Lo que sí me llamó la atención es el estupendo sitio que hay delante del puerto de Villagarcía para navegar. Es como hacerlo en un lago. Desde luego, a poco que sople las condiciones son inmejorable, especialmente para la vela ligera. No me extraña que esté en Villa el Centro Galego de Vela.

El Furaventos dándonos un repaso.

Finalmente entramos a puerto. Pusimos nuestros dispositivos electrónicos y baterías a cargar porque en Villagarcía de Arosa sí hay electricidad en el puerto. Tras eso acompañamos a María y a Juan a cenar un merecido chuletón y tomar un par de “disolventes” para bajarlo.

La cena

Finalmente volvimos al barco y pudimos ver que Villagarcía no es el puerto más recomendable del mundo para tránsitos, al menos en fin de semana, pues toda la zona de marcha está pegada a los pantalanes. Sobre las 3 de la mañana nos metimos en cama y caímos redondos. Al día siguiente volvíamos a casa, y si el tiempo acompañaba sería una bonita travesía con sol y viento portante.

Finalizará…

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