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Larga Singladura (II) – Ría de Muros y Noya

Siempre he tenido ganas de hacer una larga singladura en el barco, dormir en distintos puertos. Como diría un cursi: “ver mundo”. Este verano, junto con un cómplice, por fin me he quitado el gusanillo, aunque con matices por la forma. Teníamos un objetivo común: llegar a Finisterre, yo por doblar el Carrumeiro Chico con el Peregrina y él por cenar en el Tira do Cordel.

Este artículo empieza con exactamente el mismo párrafo que el anterior del que es continuación (si me pagaran por línea escrita lo petaba). Dicho artículo nos debaja pasando entre Sálvora y Noro como el fin del primer tramo de nuestra larga singladura. Retomamos en dicho momento la narración.

Canal de Sagres y Corrubedo

Uno de los retos de la larga singladura era pasar por el Canal de Sagres y pasar Corrubedo. Hasta ese momento el Peregrina nunca había ido más al norte de la latitud del muelle de Sálvora, al menos por fuera de la ría, pues en un par de ocasiones sí había llegado a Cabo de Cruz o a O Xufre en la Isla de Arosa. Nos adentrábamos en terreno desconocido.

Vionta por estribor antes de enfilar la entrada del canal.

El Canal de Sagres lo atravesamos con el GPS en la mano, y atentos a distintas marcas en tierra. La verdad es que hoy en día, ayudándonos de la tecnología es muy fácil pasarlo con condiciones de mar aceptables. Por decirlo en romano paladín: si el mar está tranquilo, con GPS está chupado. Eso sí, no quiero pensar lo que sería atravesarlo sin ayuda de electrónica y sólo con la carta marina en papel, la corredera y el compás.

Ruta seguida a través de Sálvora, Noro y el Canal de Sagrés

Una vez pasado el canal, nos relajamos, aún quedaba más de la mitad de la “Larga Singladura”: pusimos rumbo norte navegando paralelos a la playa de Corrubedo. Dejamos O Roncoso por estribor y A Maroxa por babor, pasando entre el mismo y el faro de Corrubedo. A lo largo de este tramo pudimos admirar la imponente duna de Corrubedo, que aún desde lejos sigue siendo impresionante. El dejar al sur Sálvora provocó en mi una extraña sensación, una mezcla entre emoción y un resquemor de “¿a dónde carallo estás yendo Carlitos?”.

Ría de Muros y Noya

Entre el Cabo de Corrubedo y Monte Louro se extiende la Ría de Muros y Noya, una inmensa y muy abierta ría, mucho menos protegida del mar que las de Arosa, Pontevedra o Vigo. Afrontábamos ahora el tramo que yo consideraba más conflictivo si empezaba a entrar mar de fondo o de viento. La pasamos relativamente bien, y de hecho lo hicimos a vela completamente pues se levantó una agradable brisa, aunque implicó que nos desviáramos unos 30º de nuestro objetivo. Izamos las velas y pusimos rumbo N 5º E, por fin podíamos hacerlo con la tranquilidad que nos daba navegar a vela. O al menos eso pensaba yo.

Marcos pensando en cómo conseguir convencerme para ir a Muros

Una de las características de mi amigo Marcos es la perseverancia y la tenacidad para conseguir algo cuando se lo propone. Unos días antes de la salida, mientras planificábamos la larga singladura estuvo viendo webs turísticas de los sitios que íbamos proponiendo visitar en nuestra aventura. La que más le había gustado era Muros, así que se propuso convencerme de que hiciéramos escala en dicho municipio coruñés.

Con el faro de Corrubedo por el través – Oye, y si vamos a Muros? – dijo; yo le contesté – Podríamos ir, pero tendríamos que pasar noche allí, y la previsión de mañana es complicada para ir de Muros a Finisterre. – zanjando el tema. O al menos eso pensaba yo.

Navegando a vela en la Ría de Muros y Noya

A la altura de Las Furnas Marcos volvió a comentar – Me han dicho que Muros es súper bonito, que vale mucho la pena – a lo que, como ya sé cómo es mi amigo le dije: – Sí, yo estuve una vez, mola mucho.

El rumbo que seguíamos nos llevaba directos a Las Basonas, y a pesar de ver en la carta electrónica que podíamos atravesarlas por el medio, ni nos lo planteamos, pues implicaría arriar velas y hacerlo a motor para poder ser más exactos. Arriamos génova e hicimos un bordo a motor al N 20 W para esquivarlas para volver a izar y retomar nuestro rumbo N 5 E. Durante este rato nos cruzamos con un barco que salía de la ría. Al cruzarnos comentó Marcos: – Mira, deben venir de Muros, porque tienen cara de haber disfrutado mucho. – yo contesté – Bufff, tío, que coñazo eres cuando te pones – a lo que me respondió – ¿No me habías dicho que te había gustado Muros? – Había llegado el momento de dejar de hablar y poner música.

Monte Louro

A medida que nos acercábamos a monte Louro la matraca continuaba: “que bonito debe de ser Muros”, “en Muros se come muy bien”, “el agua está buenísima en Muros”, etc. He de decir que hasta me planteé virar y poner rumbo este para entrar al puerto de Muros, pero al final me negué.

Llegados a la altura de Monte Louro nos planteamos hacer de nuevo la maniobra de Las Basonas: arriar génova y hacer un bordo a motor para pasar entre Os Bruyos y los las Piedras Las Miñarzos, pero mientras lo intentábamos hacer se torcieron las cosas.

La Odisea de pasar Carnota

Se levantó un viendo de mil pares de demonios en ese momento. Teníamos mar de fondo del NW, es decir, desde Finisterre y mar de viento y viento del N. Navegar se hacía fráncamente compicado: pantocazos si no se estaba muy atento a las olas además de rociones constantes que pusieron a pruebas nuestros trajes de aguas, mientras, una voz, desde el otro lado de la bañera del barco me decía – Oye tío, en serio, no pasa nada si nos vamos a Muros, seguro que lo pasamos igual de bien. Casi lo mato.

Subimos pegados a la costa esquivando todos los bajos frente a Carnota que no fueron pocos. Las condiciones del mar se estaban poniendo complicadas, y el sentido común me decía que no pasaba nada si no doblábamos el Carrumeiro. Comenté esta opción a Marcos y me dijo: – Ya te decía yo que ir a Muros era la mejor opción. – En esta ocasión ya me dio la risa.

Monte Louro a popa

En más de una ocasión intentamos virar al oeste para ir acercándonos a Fisterre y librarnos así a menos del mar de fondo, pero como el de viento arreciaba no había manera de navegar en ese rumbo. Sólo nos quedaba seguir hacia el norte y aprovechar que a medida que nos acercásemos al fondo de la ensenada de Finisterre el mar de fondo y de viento se fuera calmando.

Sobre las 17:30 divisamos el Carrumeiro Chico a lo lejos. Habíamos conseguido dejar atrás Carnota, la que por cierto no pudimos disfrutar ni lo más mínimo, pues “estábamos a otra cosa”, “algo liados”. Pusimos rumbo a la torre con la intención de doblarla dejándola a babor para izar velas y entrar a Fisterra en un través. Llegados al Carrumeiro el viento del norte arreciaba y la verdad es que entre librar la baliza e izar las velas, no le hicimos una foto a la misma hasta que la tuvimos bien por popa. – Ala, ya cumpliste el capricho, ¿damos la vuelta y vamos para Muros?. – dijo Marcos aguantando la risa como pudo.

Hacia Fisterra con el Carrumeiro Chico por popa.

Navegábamos a vela ya hacia Fisterra, el barco iba mucho más estable y tranquilo pues ya no había mar de fondo y el mar de viento era menor, al haberse reducido el fetch desde la costa a donde navegábamos.

Llegando al final de la larga singladura

Teníamos el espigón de Fisterra a proa y entraríamos en unos minutos en el puerto. Un enorme sentimiento de satisfacción recorrió mi cuerpo en ese momento. ¡Lo que durante unos días pensaba que no seríamos capaces de hacer, lo habíamos logrado! Le di la mano a Marcos y le dije: “¡Somos la hostia tío!”. Él me contestó: “Seríamos la hostia si hubiesemos ido a Muros”. Genio y figura.

Aún ahora, con la perspectiva de haber pasado ya dos meses desde la “Larga Singladura”, me sigue pareciendo una proeza subir en un Puma 23 con 43 años desde Portonovo a Finisterre. Cuando compartí la aventura en Facebook me encantó un comentario de Javier Montenegro, armador y patrón del Marara IV, con el que había llegado hasta ahí en la regata Conde de Gondomar: “el que no valore esta navegación no ha navegado la zona esta claro”. Toda la razón del mundo.

Finisterre a babor del barco mientras entrábamos en Fisterra. El final de la larga singladura.

Continuará…

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