Primera regata tras el confinamiento

Primera regata tras el confinamiento

Mañana sábado 4 de julio de 2020 tomaremos parte en la primera regata tras el confinamiento del Covid-19. La verdad es que por un lado tengo bastantes ganas, pero por otro, no voy en las condiciones que a mi me gustaría debido a acontecimientos recientes. Aún así, no puedo perderme esta regata, pues es la primera en la que conseguimos ganar algo por primera vez.

Navegando hacia Ons

Hace quince días estuve en Ons, de jornada de confraternización con la tripulación del Cassandra. Salimos de Portonovo sobre las 12 y media no sin problemas, pues alguna impureza en la cubeta del motor hacía que de vez en cuando se apagara, y dificultara su encendido. La cosa me tenía preocupado. Finalmente encendió y nos permitió salir de puerto e izar las velas sin problema. En la cabeza, tenía claro que el motor requería una limpieza y puesta a punto.

Navegamos hasta Ons en flota en una serie de bordos muy bonitos, las condiciones del viento eran ideales. Salimos hacia el sudoeste acercándonos al buque de la armada Malaspina que estaba esos días cartografiando el fondo de la Ría de Pontevedra. Por cierto, el buque debe su nombre a Alejandro Malaspina y a su Expedición Malaspina, que nada que envidiar tiene a los viajes de Charles Darwin. Como siempre los españoles no tenemos ni idea de los logros que conseguimos durante nuestra historia.

A partir de la virada que dimos junto al mencionado buque de la armada, en un solo bordo nos plantamos en la playa de Melide, que es en mi opinión, y la de todo el mundo, la mejor playa de la isla de Ons. Dado que soplaba sur fondeamos al sur de la playa y pasamos una estupenda tarde.

Entrando en puerto a trompos

Cuando volvimos, al arrancar el motor para salir de la zona de fondeo, el motor arrancó sin problemas, pero a los pocos segundos se apagó de nuevo. Por suerte, teníamos la arrancada suficiente para izar las velas y poner rumbo a Portonovo frustrando nuestro plan inicial de ir a San Vicente. Durante el camino de vuelta probé varias veces el motor, pero no acababa de encender o encendía un rato y se apagaba. Finalmente, jugando con el tornillo del ralentí, conseguí mantenerlo encendido subiéndolo.

La maniobra de entrada al puerto fue complicada, pues llevaba el ralentí a tope y no podía jugar con la marcha con el ralentí tan alto,. Al final no me quedó otra, y como pude, lo bajé lo suficiente como para que no se apagara y le di. ¡Menudo latigazo dio el motor! Pensé que arrancaba el soporte. Por suerte nada se rompió y a partir de ese momento el motor volvió a funcionar con normalidad. Supongo que el latigazo haría que la suciedad que pudiera tener en el carburador se saliera del sitio en el que estaba provocando el mal funcionamiento. Una vez amarrado sacamos el motor y lo llevamos al mecánico. Como era de esperar en esta época del año, y más con el tema del Covid-19, nos dijo que iba a tardar. ¡Menuda faena! ¡A principio de verano y sin el motor del barco!

Da gusto tener amigos

Ese mismo fin de semana, le conté mis desgracias a un amigo. Él me dijo: “tengo yo un motor que no uso, un Yamaha 8 de hace un montón de años, pero que funciona como un reloj, cógelo.”. ¡Estaba salvado! Ayer mismo fui a buscarlo, y en el momento de escribir estas líneas está en el maletero del coche, listo para ir al barco a colocarlo.

La verdad es que es la mitad de potencia del Suzuki que tengo, pero es más que suficiente para mover el barco. Además, me han dicho mis rivales que en caso de tener que dar un remolque que no hay problema ninguno. En fin, que ¡por fin nos vamos de regata tras el confinamiento!.

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