pensamientos

Estoy de vuelta

Estoy de vuelta, sí, y esperemos que para quedarme una buena temporada. Desde que no escribo nada, han sido numerosos las personas que me han reclamado que lo retome o han preguntado por el mismo, así que aquí estamos de nuevo.

Antes de adentrarme en los avatares en los que me encuentro enfrascado actualmente, trataré de poner un poquito el blog al día. En mi último artículo hablaba de lo maravilloso que es navegar con gente que lo disfruta. Desde aquella salida hubo pocas, pues el tiempo primero, y obligaciones personales posteriores me lo impidieron. La siguiente salida seria fue un par de días antes de San Juan, donde empezó, cómo diría yo: “Der Untergang”. No se me asuste el lector, no es tan grave, pero no adelantemos acontecimientos.

Un pequeño resumen para empezar: primero fue el enrollador y la hélice y lo arreglé, luego el estay y lo arreglé, finalmente el palo me ha dejado en dique seco. No está mal para que te pase todo en un plazo de 3 meses ¿no? En fin, como esto de la vela se lleva dentro, habrá que sobreponerse y buscar la manera de salir adelante.

En San Juan recibía la visita de unos buenos amigos del interior (creo que ya los he mencionado en este blog en alguna ocasión), a los que les había prometido ir a la Isla de Ons a comer. En los días previos llevé el génova a reparar a Nordés Velería para tenerlo listo para dicha excursión y ya de paso, para todo el verano.

El mismo día de la excursión colocamos la vela y salimos rumbo a Ons, a mitad de camino, me percaté de que el perfil del enrollador, que va unido mediante perfiles interiores y remaches, se había soltado a unos 3 metros de altura y que por lo tanto no iba a enrollar. Al llegar a la boya de Ons recogí la vela como pude y bajamos a comer, la vuelta la tuvimos que hacer a motor, pues el “traveller” del enrollador no subía. Ahí empezó todo. Volvimos a Portonovo a motor sin demasiados problemas, pero en la bocana noté que el motor no respondía bien del todo, al dar gas subía de vueltas pero no empujaba como debiera. Se había pasado la hélice. Menos mal que no pasó en mitad del recorrido, pues hubiesemos tenido que volver sólo con la mayor. Entramos en puerto y pasados un par de días empecé a buscar soluciones, pero eso ya en otro artículo.

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