salida

Mirar al mar a los ojos

El pasado viernes salí a dar una vuelta en el barco, como no podía ser de otra forma, iba solo, como ha sido la tónica habitual los últimos meses, pero sucedió algo que no me sucedía desde diciembre. Un golpe con la realidad es bueno, y darse cuenta de las limitaciones propias permite tener los pies en el suelo. En resumen: de toda situación hay que aprender, siempre hay que perseverar ante la dificultad, y nada detiene al que tiene claro lo que quiere. 

El ritual antes de zarpar fue el de siempre: soltar escotas, funda de la mayor, encarrilar la mayor, colocarle la driza etc. Mientras que preparaba todo, me fijé que en las poleas a proa del palo que redireccionan las drizas hacia la bañera, y que hace un par de semanas traté con lasur y a las que di sika, había un problema: me había quedado un trozo de cinta de carrocero sin quitar. “¡Menuda mierda!” pensé, seguro que ahora no despega o algo así, pero no, sí que despegó, despegó con una facilidad pasmosa, ¡el problema es que también despegó la Sika!. No podría reproducir la retahíla de palabrotas que surgieron de mi boca, creo que hasta me llegarían a cerrar el blog si lo hiciera. Procuré sosegarme, y tras dejarlo de nuevo todo como estaba, o sea, con la cinta pegada y la Sika más o menos en su sitio, me apunté la tarea pendiente y continué poniendo el barco a son de mar para dar una vuelta.


Nada más salir del puerto, al ir a subir la mayor veo que no sube, y me fijo en que la driza está enrollada en el palo, “que cosa más rara pensé”, pero a los pocos segundos me di cuenta que en la última salida no fui yo quien la dejó colocada en su sitio, el soporte del tangón a proa del palo, la persona que la dejó la había pasado por babor, en lugar de por estribor como hago yo siempre. En fin, a problema tonto descubierto, problema tonto solucionado, pero me lo apunto para que no vuelva a suceder, hay que fijarse en eso en puerto.

El paseo fue tranquilo al principio, pero de un minuto al siguiente se levantó un viento NW del mil demonios, el mar de viento se convirtió también rapidísimamente en un buen rebaño de borregos, que entraban desde el WNW en la ría y que dada mi situación hacía muy difícil tomar un rumbo cómodo de navegación: si seguía hacia el sur me alejaba de la costa y si el mar seguía creciendo podía verme en serios problemas para volver, si viraba y trataba de ir al NNE me comería el mar de viento por el costado con el consiguiente peligro de escora excesiva. No parecía que hubiera un rumbo fácil: inicialmente mientras “miraba al mar a los ojos”, decidiendo lo que iba a hacer me puse un poco SSE, lo que alejaba de la costa, pero me permitía una navegación tranquila para preparar la maniobra, y tras decidir y preparar vino la ejecución: viré hacia el N, cosa que duró poco, tuve que aproarme y reducir trapo en la génova, no había un rumbo fácil que me acercara a la costa N de la ría cómodamente, el viento era racheado y la escora se iba a los 20º fácilmente por el viento, y si sumamos los envites de las olas por la aleta, esta se hacía mucho más pronunciada. La verdad es que he de reconocer que hubo algún momento de preocupación, por no decir miedo, que es de lo que hablaba al inicio de este artículo, pero supe sobreponerme tomando las olas de popa y metiéndome hacia dentro de la ría con el fin de que el mar disminuyera y poder acercarme un poco más al abrigo de la costa. Así fue, y no tuve que meterme demasiado, frente a la playa de Areas ya había mejorado bastante la cosa, así que viré y traté de acercarme al puerto para entrar.

Inicialmente tenía la intención de haber salido en el barco con las peques, por suerte, no vinieron, ya que una de ellas estaba pachucha; la verdad, es que hubiese sido contraproducente ya que hubiesen pasado miedo, y como ya he explicado en este blog más de una vez, es lo que menos me interesa. A ellas las tengo que llevar sólo esos días en encalmada en los que hay que encender el motor para avanzar un poco.

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