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Traspasando el mejor barco del mundo

Si quieres ir a Cambrils a ver un barco desde Galicia, la mejor opción es coger un avión a Barcelona y una vez allí, si no es como en mi caso, que un antiguo compañero del cole se me ofreció a a llevarme, hay que alquilar un coche o algo así. Hacía ya varios años que no visitaba Barcelona, la verdad es que tenía ganas a ver a los pocos antiguos compañeros del cole con los que 20 años después aún mantengo el contacto. Llegué a Barcelona sobre las 11, y a las 12’30 estaba subido en el Puma 23 que había visto a través de Internet.

Su dueño, evidentemente, lo había limpiado y ordenado bien para causar una buena impresión, así que habría que abrir bien los ojos, recordé la lista mental que llevaba con todas las cosas que debía revistar: jarcias, winches, escotilla (el sellado necesitaba un cambio porque empezaba a cuartearse), estado interior, maderas, elementos de seguridad, estado general de la jarcia de labor, velas, sentina, etc. Todo cuadraba, hasta la sentina apenas tenía agua que además de muy baja salinidad (las guarradas que uno llega a hacer).

Como todo estaba hablado, sólo hubo que firmar el contrato que mi abogado había preparado antes del viaje, las condiciones entre otras, eran el pago de la mitad en efectivo a la firma del contrato, y la mitad al recibir el barco en destino vía transferencia. El vendedor se comprometía a la custodia de la embarcación hasta que yo enviara un transporte para recogerla, manteniendo hasta la fecha el seguro, pantalán, etc. Cerré con la empresa que le llevaba el cuidado del barco el “empaquetado” de motor y mástil para el transporte, y nos despedimos. Acababa de convertirme en armador y mis amigos estaban de suerte: acababan de adquirir el mejor barco del mundo.

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